Archivo de 19 julio 2010

Vivimos tiempos en que, alentados desde los medios de comunicación, campan la vulgaridad y la chabacanería por doquier. Fue gracioso, en su momento, que alguien pusiese a unos espárragos de nombre lo que entendían era el adjetivo que mejor los definía. Me refiero a los “Cojonudos” que todo el mundo conoce y ha degustado. Luego parece que ha proliferado aquello de “yo la tengo más larga” y paso tu nombre a los anales de lo fino y delicado. Ejemplo que ilustro con estas botellas de licor de la foto tomadas en Asturias hace unos días. Huelga decir que no las he probado porque no me atrevía a entrar a la tienda y decirle que me diera “una botella de licor hijoputa” no sea que me entendieses “una botella de licor, hijoputa” y acabásemos en el juzgado de guardia. Quizá no me atreviese, ahora que lo pienso, por aquello de que somos lo que comemos y bebemos. Quizá, en última instancia, si lo llevase de regalo o lo pusiese en la estantería de casa me quedase sin los pocos amigos que la crisis y los niños van dejando. O quizá, quien sabe, debería haberlo adquirido y pasar a formar parte de las belenesteban de este país que se ganan bien la vida sin más que chillar y pregonar a los cuatro vientos que la incultura, amigos y amigas lectores, es fruta de todo tiempo, de buena cosecha, poco riego y ácidos jugos.
licor_hijoputa

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