A salto de caballo

El reciente escándalo de las carnes de caballo (pueden leer aquí un resumen bien majo) demuestra que hay que jugar al ajedrez mental para comprender cómo la globalización beneficia a los intermeeldiarios. Los usuarios de a pie, como siempre, coceados por los acontecimientos, relincharemos nuestra indignación en un blog como este. Y algunos se harán vegetarianos pensando que así huyen del omnipotente y omnipresente mercado que nos hace comulgar con ruedas de molino o que nos da gato por liebre, perdón, caballo por vaca.

No sufran, de verdad, bastará con poner Horse King y McHorse en los carteles donde se venden albondiguillas aplastadas y sustituir «carne de equino» o «bovino» o lo que sea por un críptico «carne de cuadrúpedo» o un X-330 ó X-390 como ahora ocurre con los aditivos.

Y ahora me voy acordando de que estas trapacerías ya vienen ocurriendo hace tiempo en las mayonesas. En este país el aceite de colza tiene mala fama desde el incidente ocurrido en los años 80 y que se relacionó (quién sabe si acertadamente) con una partida de ese aceite adulterado. Pero claro, el inconsciente español no perdonará en un par de generaciones a esa bella planta cuyo aceite es consumido en otros lugares sin mayor problema. La palabra «colza», por ello, es retirada sucintamente de los envases de mayonesa que se venden en España, poniendo simplemente en la etiqueta «aceite vegetal». Si uno se molesta en leer los ingredientes en otro idioma, como el portugués por ejemplo, puede ver que pone «aceite de colza». Y se quedan tan anchos. De hecho sólo por las diferentes normativas de etiquetado de distintos países nos enteramos de estos hechos.

¿De cuántas cosas ni sospechamos? Sigan atentos a su equipo de fútbol favorito o su revista del corazón. Ahí lo explican todo.

Nota: para rematar les diré que el artículo citado es de procedencia argentina, país cuya producción de vacuno es ingente. Vamos, que si hacen sangre de más, tampoco es por el puro interés público.