Esta foto fue tomada en un osario de los capuchinos en Roma que, cosas del destino y del turismo, se ha convertido en un circo de gentes con móviles y cámaras varias haciendo caso omiso -me da- de aquello del «memento mori». Y también se ha transformado ¡cómo no! en una máquina de hacer dinero. Seguro que los frailecillos aburridos de siglos atrás no sospechaban -ni por asomo- en lo que iban a acabar convertidos su huesecillos.
Por cierto, que en la iglesia de Wamba (Valladolid) hay también un osario bastante concurrido pero, lástima, no tan «artístico». La iglesia, sin embargo, es más interesante que la citada de Roma, cosas que tiene la vida.
