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Bobinglis en Valladolid

En una tierra en la que sus habitantes de jactan de ser zona de «español/castellano puro» las propias instituciones abofetean el idioma. Vean este ejemplo de una demostración/elaboración de cocinado de torrijas que han denominado «showcooking torrijas».

Me dice la mosca que tengo detrás de la oreja: Para ser «cool» hay que poner estas boberías, joder, Acechor, que no te enteras…

Arte capuchino

Esta foto fue tomada en un osario de los capuchinos en Roma que, cosas del destino y del turismo, se ha convertido en un circo de gentes con móviles y cámaras varias haciendo caso omiso -me da- de aquello del «memento mori». Y también se ha transformado ¡cómo no! en una máquina de hacer dinero. Seguro que los frailecillos aburridos de siglos atrás no sospechaban -ni por asomo- en lo que iban a acabar convertidos su huesecillos.

Por cierto, que en la iglesia de Wamba (Valladolid) hay también un osario bastante concurrido pero, lástima, no tan «artístico». La iglesia, sin embargo, es más interesante que la citada de Roma, cosas que tiene la vida.

Más madera

Otra publicación de esas que tanto le gustan Al Acechor:

Será que así, con este nombre tan «cool», el personal acudirá con más ganas a ponerse ciego de alcohol.

Y tiene bemoles que en España, en Castilla, en lugar de defender lo nuestro, nuestro patrimonio, nuestro idioma, nos dediquemos a hacer semejantes boberías. Para más inri, muchas de estas mentes ocurrentes serán las que luego vayan luciendo la rojigualda en la muñeca. Eso, de pacotilla…

Variante de los candados

Hace unos días, caminando por la ciudad, me encontré con algo curioso: una especie de variante de la estúpida costumbre de llenar de candados los barrotes de cualquier valla o cerramiento (costumbre esta que podría dar para un sesudo estudio psicológico porque, que concepto es aquel que presuntamente liga el amor a barrotes y cerraduras).

Bien, como decía, me encontré con esta otra cosa hace unos días: en lugar de candados colgados en barrotes, una especie de zurullos de lana. Y si la variante de los candados ya, de por sí, es una costumbre peculiar, esta alternativa textil no sabría como calificarla.

Como diría uno, el ser humano es fractal.

Recién robado

Otra de mercadillos: en este caso uno en la ciudad de Valladolid.

Estos de la foto, no sabemos si mentían o no en su eslogan publicitario porque, ya saben, en ocasiones no hay como decir la verdad para que no te crean.

Alguno habrá que algo parecido pensará cada vez que entre a pedir algo en un banco… (me refiero a lo de «recien robados», por si era necesario explicarlo).

Curso de grafitero – Lección 4 – Acaba las piezas

Es gracioso ver los diálogos pintados en las paredes entre gentes que, quizá, ni se conocen. Bueno, es un decir, porque esta foto está hecha en el pueblo más grande de Castilla-León, useasé Valladolid, concretamente en la avenida de Madrid esquina paseo Farnesio. Vean cómo el grafitero Joker 3 (parece) le echa la bronca a otro por no acabar la obra. Tiene una enorme falta de ortografía en castellano (pimpoyo no existe, es pimpollo) pero el «probito» sabe escribir en ingléh (aspírese la h). Como muchos memos de su generación consideran que los anglicismos dan nivel a sus cosas, y se preocupan más de aprender cuatro palabrejas en inglés (vistas en la tele) que en pulir un poco su paupérrimo castellano. En fin, modas son modas, y creerse «cool» por poner «by» está hogaño muy en boga.

Curso de grafitero – Lección 3 – No pisar

Si hay algo que fastidia, supongo, es que te pases un rato largo de noche preocupado por que no te pillen y venga otro tío y te pinte encima, con la cantidad de sitios que hay para pintar, leche. Y por eso los grafiteros se quejan los «probitos» y se echan broncas unos a otros y se piden perdón y esas cosas. Vean los ejemplos del túnel peatonal de la calle Puente colgante en Valladolid. Enternecedor, gamberros con corazón.