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Morbo italiano

Que a los católicos les va el morbo es algo evidente e innegable. No hay más que acudir a una de las innúmeras procesiones para darse cuenta de que el dolor, el sufrimiento, la tortura, la sangre son motivos bien y ampliamente explotados.

La foto de más abajo es de la iglesia de «Santa Maria della Vittoria«, en Roma. En su interior se puede disfrutar de una bellísima escultura de Bernini que representa el éxtasis de Santa Teresa. Y allí, no lejos, está ese túmulo con los restos (o así dicen) de Santa Vittoria. Por supuesto no falta el consabido cepillo para recoger los óbolos de los visitantes que allí recalan.

Cepillos siglo XXI

A estos no hace falta ponerles un candado, al menos no uno de los clásicos, de llavecita y eso, aunque seguro que lo tienen, pero el riesgo no es -en este caso- muy físico y sí muy «espiritual», vulgo inalámbrico. El caso es que aquí tienen en la foto (mala) el sistema actual, informático y novedosos de recibir dineros en las iglesias, los sacaperras, vamos. Este de la foto está en Roma, bien cerca de la estación del tren Termini, en Santa Maria Maggiore. Hay que reconocer que los limosneros de toda la vida se están quedando para la chatarra.

Vanitas vanitatum…

Superando el absurdo de los absurdos, el presi Trump ha anunciado que construirá una biblioteca sin libros. Eso sí, con una gran escultura de su inolvidable persona en doradito y 14 metros (unos 4 pisos) de altura física (para compensar la bajeza moral, suponemos). A mi me recuerda que Stalin también colocó alguna de su persona (en bronce, eso sí).

No estaría mal recordarle al presi que está arrasando países a su antojo aquello de «memento mori», familias más nobles que la suya (no es difícil) han pasado al olvido. De momento parece que lo más grande que ha hecho en EE.UU. (su «America») es engordar la vanidad.

Aquí está el artículo en pdf por aquello de las amnesias de la red.

Me parece que la foto la hice en una iglesia de Florencia, pero a estas alturas no me acuerdo del nombre, han pasado como doce años…

Puntos de vista

Cambiar la posición y luego mirar al fondo hace que muchas de nuestras imágenes cambien por completo la interpretación. Ejemplo como el de la foto, hecha en el museo Pietro Canonica de Roma, que era gratuito hasta hace poco. En primer término una bella venus, al fondo un circunspecto padre de la Iglesia (de nombre no recogido, lo siento). Una versión de «Susana y los viejos el viejo». Me quedo con la Susi, obviamente.

Arte capuchino

Esta foto fue tomada en un osario de los capuchinos en Roma que, cosas del destino y del turismo, se ha convertido en un circo de gentes con móviles y cámaras varias haciendo caso omiso -me da- de aquello del «memento mori». Y también se ha transformado ¡cómo no! en una máquina de hacer dinero. Seguro que los frailecillos aburridos de siglos atrás no sospechaban -ni por asomo- en lo que iban a acabar convertidos su huesecillos.

Por cierto, que en la iglesia de Wamba (Valladolid) hay también un osario bastante concurrido pero, lástima, no tan «artístico». La iglesia, sin embargo, es más interesante que la citada de Roma, cosas que tiene la vida.

Los bajos fondos

Por esta vez el título no tiene significados ocultos. En la foto se ilustra algo que ya he observado en varios lugares: caminamos sobre basura (escombros, restos, desperdicios…). En concreto la imagen está tomada en Roma, pero muchas de nuestras calles y edificios están sobre este mismo engendro, este mismo basurero que, algún día, podrán los arqueólogos estudiar para ver cómo fue nuestra chapucero siglo XX (y XXI).

Turistas…

En este mundo nuestro en el que todos -o casi- ejercemos de turistas ocasionales, será bueno recordar que tal circunstancia parece acrecentar las estupidez hasta límites estratosféricos. Ejemplo de hoy: Roma, la «boca de la verdad», donde la gente hace cola para meter la manita en las fauces de un trozo de mármol colocado en la pared de una iglesia y, como no, hacerse la fotito inmortalizadora de tal hazaña (la de hacer cola, digo).

Pues sepan uds. amigos lectores que si son capaces de aguantar el ruido, el calor, la cola y vencer el asco para meter la mano en tal lugar, habrán conseguido uno de los retos romanos. Los otros son tirar la monedita en la fontana de Trevi (ahora habrá que pagar para hacerlo), mirar por el agujero de la puerta para ver la cúpula del San Pedro y colocar un candadito o unos auriculares en los foros.

Y si han llegado hasta aquí sepan, abnegados lectores, que la tal «boca de la verdad» tenía como uso otro muy distinto cuando fue concebida, pues se trata de la tapa de una alcantarilla. De diseño e ingenio, eso sí, pero una tapa de alcantarilla. Hala, a turistear, a turistear que el mundo se va a acabar.