Archivo por meses: mayo 2026

Con tal de vender…

El sexo vende. Está claro, está muy claro y este hecho es muy usado. Cada año que pasa vemos la evolución. Ejemplo, en el 2001 o así cuando comenzó «El gran hermano» (pobre Orwell, por cierto), las friegas se vendían en la tele bajo los edredones. En estos años en «La isla de las tentaciones» los escarceos se muestran en primer plano. Supongo que en algún lustro más la cosa llegará a no poder diferenciar entre el porno duro y los (así llamados) «Reality shows».

Al turrón, Acechor, al turrón.

Cierto, vean que la publicidad -muy sagaz ella- aprovecha esta permisividad social (Si Paco levantara la cabeza…) para vender. Aquí están, ñoras, ñores, las «orgías y chochinos» producidos por algún asturiano que, al socaire de los tiempos, vende sus chucherías.

¡Ay, quién estuviera en Asturias en algunas ocasiones!

Parecidos razonables

Créanme gentes que cuando vi el cartel este de lejos me pensé otra cosa que, supongo, no hará falta mencionar a los avispados lectores que visitan este lugar. Una vez me acerqué ya quedó claro que la mente me juega pasadas perversas que luego uds. sufren por acá.

Por cierto, tiene güevos lo feo que es el diseño: pueril, vulgar, inadecuado, ñoño, parco, descuidado, flojo. Eso sí, lo ha hecho una diseñadora que sin duda tendrá otros méritos, amistades, contactos o váyase a saber, que soy muy mal pensado.

Ni pezqueñines ni pulpines

Encontré este curioso cartel en una pescadería de León, me parece. Ahora que viene la época de la veda del pulpo, no estará de más colocar la foto aquí. Lo del pulpito con chupete tiene su coña, pero lo del pulpote sonriente y orgulloso de su destino tampoco se queda atrás.

Nunca llueve a gusto de todos, como bien reza el dicho. En la costa sur inglesa y debido -parece- al calentamiento de las aguas, están sufriendo una invasión de pulpos que mucho me temo tengamos que comer «octopus» en lugar de «pulpo» a no mucho tardar. Esperemos que los británicos no sean tan aficionados como nosotros a la ingestión de este animalejo tan listo y delicioso.

Libertad…

Recibí una invitación de la FSF (Free Software Foundation) para una charla-encuentro en Salamanca. Hela aquí.

Allí nos personamos yo y un amigo. Y fuimos los únicos. ¡Los únicos! Ni un solo alumno de la facultad de ciencias, ni un solo curioso, ni un solo interesado más. El tiempo transcurría lento, lento, lento, marcado por la gota que caía del techo en el cubo rojo entre la mesa del estrado y las banderas. Ese toc… toc… toc… cada diez segundos convirtió nuestra espera de
quince minutos en noventa golpes de realidad. Chasco porque ni siquiera vino el conferenciante de modo que, después de 10 minutos tras la hora de inicio prevista y los quince de espera citados, nos fuimos tal y como habíamos venido. Quizá con un poco más de cara de tontos. He aquí el documento gráfico que ilustra el éxito del evento. Marcaba el reloj del ordenador las 17:09.

Esto, al parecer, es lo que nos interesa la libertad, la privacidad y la independencia de las grandes multinacionales. Vamos de cojones.