Así que me dan ganas de irme a Valladolid (por ejemplo) donde pagarse los pinchos se pagan (y bien) pero son de los que da gusto ver, comer y hasta pagar. No como las mierdangas que me cobraron en el sitio más arriba citado.
Ya no sé si llamarla, como ayer «gilipollinglis» o «bobinglis» o «tontinglis». Pero lo que tengo claro es que la serie se parece al número π en que tendrá infinitos componentes. Este lo cacé hace un par de semanas en Malasaña. Se trata de un negocio de nombre «BRAZILIAN JIU-JITSU». A ver si alguien me explica la razón que puede llevar a poner a un gimnasio (no es otra cosa) que imparte clases de un arte marcial japonés, en versión brasileña, a poner el nombre en inglés en una ciudad española. Putas modas…
Gilipollas a cascoporro. El título de la entrada de hoy no puede ser más castizo para compensar esa moda, costumbre o manía que nos ha entrado en este puto país de poner los nombres en inglés. Por mucho inglés que se use un peluquero será un peluquero, un bar será un bar, un panadero un panadero y un carnicero un carnicero. Así, sin boberías ni pretensiones. Hará un par de meses paseando por el barrio de Salamanca (del Marqués), concretamente en la calle Castelló, hice esta serie de fotos que ilustran la capacidad de concentración de mimetismo que hay en esa ciudad. No habrá ni cincuenta metros entre la primera y la última. Vean, vean..
Curiosamente se salva la última, la más exótica, la japonesa que pone el nombre en castellano. Paradojas del «naming». Igual ahora que el dólar empieza su descenso al averno se deciden a cambiar los carteles y ponerlos en chino o en árabe, que es donde hay pasta de la buena.
Vean qué cantidad de esas aguas azucaradas y carbonatadas se vende en este país. Habiendo vino ¡por las diosas! andar bebiendo estas guarradas yanquis, es imperdonable. Ni mezclada con ron la quiero cerca, llámenme raro si quieren.
Foto tomada en Madrid hace ya unos añitos (antes de la pandemia, por cierto).
Esta foto está hecha junto al parque del Retiro, en Madrid, en marzo de este año. Véase cómo la ordinariez y pedante pretensión pueden llegar a límites casi insospechados, pero en todo caso hilarantes. Un ejemplo de a lo que los «Cosmopaletos» (Ernesto Laguna dixit) madrileños pueden llegar. En su página web hay -alucinen uds- ¡Cuatro opiniones positivas! sin duda capaces de refrendrar las magnas obras de tan excelsa empresa. Total, para vender tubos e irrigadores no creo que haya que darse tanto pisto.
El otro día en Alcorcón (Madrid) encontré este bello ejemplo de cómo queda una fachada tras el paso de las operadoras de telecomunicación. Como ven no se conforman con llenar nuestros teléfonos y buzones de publicidad indeseada, sino que también enmerdan nuestros edificios. En este caso tiene mucho mérito, porque afear una ciudad dormitorio es una tarea casi imposible.
¡Para que luego digan que en Madrid (villa y corte) hace calor en verano! Vean cómo la realidad nos muestra otra cara: los aguerridos turistas aguantando el intenso frío de 173 grados bajo cero, bien cerquita del cero absoluto. Tanto es así que hasta llevan ropas veraniegas…
Madrid a 173 grados bajo cero
Se ve que, con la crisis, no da para reparar el termómetro de este restaurante en el paseo del Prado.
El español celebra la vida. Es verdad. Incluso a pesar de sus nefastos políticos electos. Vean con qué prontitud ha pasado al acervo popular el ridículo de Ana Botella en el implorar de los especuladores por una olimpiadita.
Esta foto que me ha llegado por correo está tomada, me aseguran, en Madrid. Concretamente el López de Hoyos. Ilustra hasta que punto está la gente de cabreo. A ver si en las próximas elecciones se refleja y dejamos de votar siempre al PPSOE y otras gentuzas.
El que piense que el litigio de los bomberos madrileños es cosa de hace meses está muy equivocado. Esta foto fue tomada en setiembre de 2004 en la ronda de Atocha (Madrid). El personaje crucificado no es sino un bombero que, debajo, ostentaba un cartel que no aparece en la fotografía y que explicaba alguna de sus reivindicaciones.
Aprovechamos desde estas páginas para desear una pronta recuperación a la lideresa por antonomasia que, también esperamos, sea seguida por un abandono de la política puesto que ha hecho más daño ella que muchas enfermedades. Hala, Espe, a otra cosa que la vida es corta y mejor estás gozando que fastidiando.