… ni lo sagrado se respeta. Vean esta hucha limosnera de la virgen que alguien reventó para llevarse las monedillas. Y esto en Italia, lugar en que estas manifestaciones religiosas populares son sagradas, valga la expresión.

… ni lo sagrado se respeta. Vean esta hucha limosnera de la virgen que alguien reventó para llevarse las monedillas. Y esto en Italia, lugar en que estas manifestaciones religiosas populares son sagradas, valga la expresión.

Ateísmo y agnosticismo, además del pasotismo, campan a sus anchas por esta Europa nuestra. Hoy día los almacenes de cristiandad están en Polonia e Irlanda, pero los resquicios quedan en otros lugares, anteriores guardianes de esa religión. Italia es un ejemplo claro. Esta foto la hice en Roma, en portal cualquiera de un barrio cualquiera no lejos del centro, donde una lamparita de neón hace homenaje a la -creo- virgen de Lourdes.

Recreación del momento en que una pastorcilla lusa ve a la virgen de Fátima. Esta recreación están en alguna iglesia de Roma de cuyo nombre no me acuerdo, la verdad. Vean qué espectáculo visual. Y es que una buena publicidad es importante para «vender», según nos dicen en las escuelas de emprendores tan en boga.

Nota: por alguna razón (espacio, presupuesto, diseño…) se ha representado a la pastorilla original del siglo XVIII y no los tres críos que, según se dice, presenciaron las apariciones marianas en Portugal el siglo pasado.
Vender, el caso es vender. Aunque haya que vender trolas, imaginaciones, invenciones o elucubraciones de noches calenturientas. Mientras se compre…
Caso de hoy: escultura de «la virgen niña» fotografiada en Roma hace algunas semanas. No le falta detalle: el gesto candoroso, los doraditos, la coronita, los labios rojitos, los pendientitos, la varita mágica… una sarta de lugares comunes para mentecatos. Eso sí, debajo había ¡cómo no! una hucha para «adorar» a semejante engendro de la imaginación con vistas al negocio. Disfruten de la «la inmaculada niña».


Estas cosas se las encuentra uno en Roma cada poco. Vírgencitas, santitos, iglesias (hay casi 1000) y otras manifestaciones de la superstición del pueblo. Actualizadas, eso sí, como esta que tiene una iluminación LED.
Hay que ver qué poca imaginación tienen algunas personas los nuevos productos. Ejemplo: la virgen del ladrillo que fotografié en Portugal. Bueno, igual el público objetivo eran los constructores, pero ¡coño! al menos decora el ladrillo, alma de cántaro.

Foto hecha en una iglesia de Roma el año pasado. Como continuación de la entrada de ayer resulta de lo más ¿esclarecerdor?¿ejemplificanto? Elija cada cual su adjetivo. A mí lo que me llamó la atención no fue aquella cantinela de «siempre virgen» a la que no le acabo de ver el interés ni la gracia. Fue la (R) de marca registrada. Por eso hice la foto y por eso la comparto.

Tenía esta lindeza hace tiempo en la recámara. Aquí os va. La lindeza que publicó (pretendidamente) el anuncio debe hoy andar cerca de la sesentena. Deseamos ardientemente que consiguiese su propósito.

Cronología de la estupidez supina: un tipo roba un pañuelo a una hermandad de Tomelloso hace dos años, la hermandad hace la denuncia el año pasado y el ladrón publica un vídeo este año. El vídeo que se puede ver aquí tiene la voz alterada y el tipo sale disfrazado, exige como rescate la cantidad de cinco bidones de calimocho para que la gente disfrute, en caso contrario amenaza con quemar el objeto.
Por supuesto y tras cortas investigaciones después de la publicación del vídeo, el muchacho fue detenido. Se supone que el objeto fue devuelto a sus propietarios y que los jóvenes a los que pretendidamente iba destinado el rescate tuvieron que buscarse sus propias libaciones.
Disfruten de dos fotogramas de tan corto pero jugoso producto del altruismo nacional.


Prometo no dar más la paliza con semanasantadas, que bastante habrán tenido ya.
Cuando la cosa está fea ni la invocación a lo altísimo salva el pellejo del personal.
Vean la fuente de la foto en que el agua no se ve depurada ni por la presencia del saludo a la virgen madre (no es un oxímoron, dicen) hace bueno lo malo ni potable lo imbebible.
Gozad, lectores/as de mis desmanes mentales, puesto que estaré ausente unos días.
Besitos detrás de las orejas.
