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Pública vergüenza

No me referiré a nuestros gobernates, porque esos no tienen vergüenza ni saben de qué color es. Se trata de una afrenta hecha por un ciudadano cabreado al que le rompieron los cristales en Geria (Valladolid) y que lo hace saber de esta curiosa manera. Igual no servirá para que le cambien los cristales, pero al menos servirá de escarnio a los malévolos infantes. Allí sigue el cartel seis años después.

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Políticos y ladrones

No vayan a pensar nuestros abnegados lectores que hacemos asimilación entre ambos términos. No. Hay muchos ladrones que son políticos, muchos políticos que son ladrones, pero la intersección de ambos conjuntos (teoría de Euler-Venn) no es la unidad. Resumen: en las cárceles hay pocos políticos (casi casi el conjunto vacío).

Vean que esto no sólo es patrimonio de este puto santo país, ocurre en otros lugares. Dicen. Me ha llegado esto por correo-e y no me resisto a ponerlo ya que reúne humor y crítica.

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En  Brasil, Millor Fernandes  (humorista, dramaturgo y escritor) lanzó un
desafío  público con la siguiente pregunta:

– ¿Cuál es la  diferencia entre Político y Ladrón?

Le llamó mucho  la atención la respuesta de un lector:
– «Estimado  Millor, después de una larga  búsqueda llegué a est conclusión: La  diferencia entre un político y un ladrón es que  el primero lo elijo yo, y el segundo me elige a  mí. ¿Estoy en lo cierto?»

Esta fue la  réplica de Millor:
–  «Apreciado señor,  usted es un genio.»   Es el único que logró  encontrar una  diferencia

Propuestas explosivas

Mientras los representantes elegidos en las urnas hace menos de un año van dando trompicones, ajustando sogas, escondiendo la cara, indultando ladrones, encubriendo estafas y otras lindezas, la calle empieza a estar más que harta. Prueba de ello son dos inciativas: la toma del congreso el 25 de septiembre y la solicitud de elecciones anticipadas en octubre.

Por supuesto, y como se supone que la toma del congreso no sería pacífica y puede que ni siquiera legal, la policía anda buscando a los facinerosos hijos de la democracia que así quieren perturbar el silencio de las conciencias de los sinvergüenzas que nos gobierna. Queda por ver qué pasará si ese día se presentan allí 50.000 hijos de satanás, o peor, 100.000 ¿otra plaza de Tian’anmen?

¡En castúo, joder!

Para que se vea que no sólo los catalanes, vascos, gallegos, asturianos, canarios, valencianos, andaluces, mallorquines, menorquines, valencianos, araneses, cántabros… tienen ansias de independizarse de España. Para que se vea que Castilla tampoco es España, Extremadura o, incluso, que «Las Hurdes» tampoco son España, ponemos a disposición del público asistente a este blog, la foto de una bolsa de magdalenas escrita en castúo, a mayor gloria de don Jose María Gabriel y Galán.

Para evitar suspicacias y rastreos he omitido el nombre del establecimiento. Da igual. El hecho diferencial, Castúo en este caso, es lo que cuenta. Bueno, en rigor a lo histórico, Gabriel y Galán no escribía en Castúo, porque el término no había nacido, sino en alto-extremeño. Te cagas.

Algún día les hablaré del habla y hecho nacionalista distintivo de mi portal. Mientras tanto les recomiendo la película «Pasaporte a Pímlico (1949)» como una muestra de a lo que la atomización lleva. Me contaron que en el barrio del Pilar, en Madrid, ocurrió un sucedido semejante, pero la paciencia o la suerte no me acompañaron los suficiente en las pesquisas del hecho. Igual es una leyenda urbana como tantas.

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Las dos estupideces más gordas

Hay varias cosas que destacan entre todas las hechas por los seres humanos como las estupideces más grandes jamás cometidas. Una es el lanzamiento contra la población civil de dos bombas atómicas el 6 y 8 de agosto de 1945. Fueron los EEUU, los defensores de la democracia y la libertad por antonomasia, los que cometieron semejante tropelía. Más difícilmente atribuible es la autoría de la otra: la falacia del crecimiento económico continuo e infinito y el despilfarro que acarrea en forma de consumismo estúpido. Este dogma capitalista que nuestros políticos siguen a fe ciega, es la otra gran estupidez a que me refería en el título. Porque no podemos vivir cada día como si todos fuesen nuestro cumpleaños y no importase el despilfarro, tampoco puede nuestro planeta sostener nuestra agresión continuada y creciente. Vean el gráfico adjunto que es autoexplicativo, luego lean el artículo. Es para echarse a temblar.

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