Encontré en una tienda de no-sé-donde este escaparate donde el artículo de cristal (¿un aislador?) tiene un sospechoso parecido con lo que ahora llaman con el anglicismo «dildo» y que toda la vida se ha conocido como consolador. Eso sí, tamaño gigante.
Quizá sea mi mente enferma, quizá, pero no me nieguen que el parecido es bastante razonable.
Intentando acordarme del lugar no he logrado dilucidar si era en España o en Portugal. Da un poco igual, en todas partes se cuecen habas.
Mientras el resto de los humanos/as nos dedicamos al bello arte de ver gilipolleces ajenas en la pantalla del móvil (sin mirar al tráfico ni nada, claro) algún drogadicto se dedica, ñoras y ñores: ¡a leer! Parece increíble. Hasta compran libros, los muy ladinos y los van leyendo por la calle, sin pudor alguno y, no lo van a creer: ¡hasta llevan varios». ¿Imposible? ¡No! Ayer mismo capté esta obscena imagen (he ofuscado el rostro, obvio) en Salamanca. No sé dónde vamos a parar, se lo juro…
Es demencial ver cómo se gasta en esta tierra nuestra el dinero que los pobres madrileños, vascos y catalanes pagan con su impuestos. Indignante. </sorna>
Fotografía tomada en Sobradillo (Salamanca), hace ya unos años. En la actualidad, como se puede apreciar en los mapas de Sanguguel está aún peor.
Los vecinos se cabrean y escriben cosas. A veces hasta sobre un cristal de una ventana. Desventajas de vivir en un bajo, a un 5º seguro que no se atrevían…
«Vais de lo que no soys Toyotas que no llegáis a toyacos Mucho 1312 y bien que denuncias puta»
No me acuerdo del lugar de la foto, pero ahí queda el críptico mensaje para quien lo entienda.
Los regalos que las nuevas tecnologías nos hacen y que son visibles hoy en día en cualquier fachada de este país. Producto de pensar en el hoy como si no hubiese mañana.
Vayamos de modernos. Hay por ahí un libro ¡ay! cuyo nombre es inolvidable: «Pornografía vegetal – Flores silvestres de la Sierra de Béjar» que tiene como alguna de sus curiosidades (nombre aparte, claro) la inclusión de códigos Qr en todas y cada una de las flores (533), y alguna de ellas hasta tiene dos códigos. Una forma de ahorrarse la inclusión de la información además de tocarles los güevos a los sufridos lectores. Más o menos eso se puso de moda en la puta pandemia para que no anduviésemos tocando cartas de bares, por ejemplo.
Pues el otro día en Béjar (ya que estamos en la zona quedémonos en ellas) encontré este escaparate con el cartelito «Descárgate el código Qr». Es llamativo que haya que andar indicando para lo que sirve el código. Más aún porque el código en sí no se descarga, sino el contenido hacia donde apunta (presumiblemente) el mismo. Lo más alucinante es que no había ningún código. Créanme, estuve largo rato como un «gelipollas» (así dicen en Béjar) y no había nada de nada en la pantalla de debajo.
La foto es de una boca, bien de riego bien de incendios. Si es el de la primera clase está claro que no hace mucha falta vista la vegetación que la cubre. Sí, también puede ser que pierda agua… Si es el segundo caso esperemos que no haga falta su uso en un incendio, porque vete tú a encontrarlas en las prisas del momento.
La foto fue tomada en algún lugar de Dublín (Irlanda), para los curiosos.
Visto en una tienda de Béjar de, parece, algún extranjero con buenas intenciones pero poca imaginación. Digo lo de la imaginación porque todo dios tiene un puto móvil en sus manos para chorradas varias pero no se le ocurre buscar las palabras y/frases, motivo que da en algo como lo de la foto «ABIERTO, HAY AIR CONDICONADOR». Luego aquello de la estética mejor ni mencionarlo. Total, para un pueblo…
O casi. El caso es que tanto en Irlanda como en Portugal (y España, Italia, Polonia…) tienen una cierta fijación (por no llamarlo obsesión) con la virgen de Fátima. Si uno no se sorprende demasiado caminando por ciudades de estos países del sur y encontrar altares con santos y virgencillas (lo de Nápoles es para nota…) sí que puede hacerlo al pasear por zonas irlandesas y encontrarse con semejantes instalaches. Vean estos dos ejemplos tomados de Dublín, por ilustrar el caso.