Todas las entradas de: El Acechor

Más de lo mismo

Ayer tarde caminando por el barrio Garrido de Salamanca me encontré con otro de estos luminosos cuyos propietarios se pirran por el inglés. Este es de una carnicería de un tal -parece- Lobo. Con esto bastaba, joder. Pero no, le añadió «Premium butcher shop» como si la carne que vende (que no dudamos de que sea de primera categoría) mejorase por ponerle el cartelito en inglés. Uno de estos días me iré con alguien que le hable en inglés a ver cómo responde.

La verdad que en Garrido si lo hubiese puesto en árabe tendría algún sentido, pero se conoce que cuando le pregunten ¿estudias o trabajas? contestará muy ufano y orgulloso «soy butcher». Y lo es, por doble partida: de las piezas animales a la venta y del despiece del idioma.

A cascoporro

Gilipollas a cascoporro. El título de la entrada de hoy no puede ser más castizo para compensar esa moda, costumbre o manía que nos ha entrado en este puto país de poner los nombres en inglés. Por mucho inglés que se use un peluquero será un peluquero, un bar será un bar, un panadero un panadero y un carnicero un carnicero. Así, sin boberías ni pretensiones. Hará un par de meses paseando por el barrio de Salamanca (del Marqués), concretamente en la calle Castelló, hice esta serie de fotos que ilustran la capacidad de concentración de mimetismo que hay en esa ciudad. No habrá ni cincuenta metros entre la primera y la última. Vean, vean..

Curiosamente se salva la última, la más exótica, la japonesa que pone el nombre en castellano. Paradojas del «naming». Igual ahora que el dólar empieza su descenso al averno se deciden a cambiar los carteles y ponerlos en chino o en árabe, que es donde hay pasta de la buena.

¡Vaya artistas!

Este es el «arte» contemporáneo. Si nos han convencido del chundachunda, de la comida basura, de la ropa rota y de tantas otras cosas (que el control por cámaras es seguridad, por ejemplo) no podía escaparse el mundo del arte. Hala, disfruten desde la comodidad de su aparato preferido (móvil, tablet u ordenador) de esta maravilla encontrada en Almeida (Portugal) sin necesidad de moverse al lugar, aunque la verdad que tanto el pueblo como la gente y la gastronomía merecen la pena.

Estado de la cosa

Foto de un anuncio en una de las pantallas del aeropuerto Fiumicino (Roma) en la que la modelo vestida con traje otrora masculino se despatarra frente al público. No sé de dónde habrán sacado el concepto patético de que copiar las actitudes de los machos dominantes hará un mundo más igualitario. Ni idea, lo peor es que es una idea que parece universal.

Otro muro de los deseos

Bueno, más que un muro la forja de una capilla de la iglesia de Santa Maria della Vittoria en Roma, si no me falla la memoria. En dicha iglesia existe una escultura del éxtasis de Santa Teresa hecha por Bernini que es una gozada de visión, ya que aprovecha para la iluminación divina un transparente en el techo de la capilla que da un aspecto muy natura a la pretendida visión sobrenatural de la santa abulense.

Obviamente tal elemento hace que la iglesia sea un punto de obligada visita cuyos adeptos dejan papelitos atados a la forja, amén de otros objetos (rosarios, pulsera, auriculares…) en una clara degradación de las costumbres (véase esta entrada en la que se hacía con mármol). El caso es ir dejando huella por allá donde se pasa y la popularización hace estas cosas. En las fotos se puede ver una general y varios detalles, entre ellos el clásico turista español (femenino en este caso) que no puede por menos de andar dejando claro de dónde viene.