Escultura agrícola (de la serie «soluciones de bajo coste»)

Vean que imaginativa manera de almacenar los paquetes de paja (pacas, les llaman, es un galicismo antiguo) que normalmente sólo se apilan formando grandes bloques. En Piña de Esgueva (Valladolid) -pueblo famoso por su pan- han hecho una variante bien divertida y, además, barata. La estética es mejorable, claro, pero no me negarán que tiene su gracia.

Chapuzas españolas

No crean que voy a hablar de política, no. Hoy no toca. Pero como compensación a anteriores entradas, les muestro una foto de una típica «ñapa» española. Una solución de bajo coste, sin duda, pero también una gran chapuza que iguala, incluso supera, a las de los italianos.

Pasen y vean, amigas lectoras.

El texto reza: «Por favor cerrar la puerta con el cable».
Y por cierto, no puedo revelar el lugar donde tomé la foto. Ya lo siento.

Más chapuzas italianas

No es que tenga nada contra los italiano, qué va. Es que tenía estas fotos desde hace tiempo y no quiero pasar la oportunidad de que las vea la concurrencia. La que hoy les pongo está hecha en Porto Cervo (Cerdeña) quizá el más selecto (léase pijo) de los lugares de veraneo de la isla. Forma parte de la costa esmeralda, un lugar descubierto por un príncipe (léase chupón) hindú en cuya familia recaen sospechas de tráfico de armas y estupefacientes. El lugar fue posteriormente prostituido hasta el hastío hasta convertirse en lo que en España puede ser Marbella (léase Corti-Gil). En la foto se aprecian las barquichuelas en que se gastan los poderosos el dinero que le roban a su súbditos y/o clientes. Pero como es Italia no puede faltar una chapu. Y ahí la tienen, la parabólica que toma la señal del satélite y la entrega a los peces de la zona. También había unas lapas grandes como platos, pero se conoce que allí no se comen.

Los amantes de las parabólicas y sus usos alternativos pueden consultar también esta entrada.

Chapuzas italianas

Los italianos son unos chapuzas. Mucho más que los españoles, que también lo somos y a rabiar.

Vean estos carteles encontrados en Cerdeña, en una playita a la que concurren visitantes de todo el mundo. Llama la atención el ahorro en traductores y la imaginación de los ejecutores de los carteles. A ver si algún amable lector es capaz de enviar algo que supere a esto. La mejor es la tercera, sin duda, porque además explica el porqué del conjunto chapucil.

Italianadas (de la serie soluciones de bajo coste)

Aprovechar los restos que andan perdidos por la casa (reutilizar, vamos) es sin duda el futuro que nos aguarda. Pero ya hay gentes que lo hacen sin vergüenza y con bastante imaginación. Vean el ejemplo que les propongo. Es una señora que en pleno corazón de Cerdeña, hace gala de imaginación en una carretera al aprovechar una vieja antena parabólica para confeccionar su anuncio. La foto fue tomada en 2012.

La iglesia española en vías de modernización

Estoy bromeando, claro. Para que fuese así antes tendrá que venir el nuevo jefe máximo de los católicos y hacer un ERE en la curia episcopal española que, ahora sí, es más papista que el Papa.

Pero vena como para lo que quieren sí se modernizan, por ejemplo para afear la entrada de la iglesia de la foto que se tomó, no hace mucho, en Santo Domingo de la Calzada (La Rioja).

Gritos en las paredes

Este cartel, fotocopia de una noticia de un periódico con comentarios del afectado, lo encontré hace unos meses en Tarazona (Zaragoza). Es el recurso del pataleo de un afectado por una denuncia (al parecer falsa). Váyanse acostumbrando, porque es lo que nos va a quedar tras la reforma de la justicia (que incluye la famosa ley de tasas).

La estupidez de las estupideces

Esa ha sido, sin duda, el lanzamiento de dos bombas atómicas sobre la población civil de un país ya vencido y a punto de claudicar. En la primera de ellas unos 220.000 muertos entre ambas. Según documentos que hoy están siendo desclasificados se sabe que el uso de las bombas no era necesario para la rendición de Japón y que fueron usadas para evitar que el ejército ruso se apuntase el tanto de la rendición en una operación que estaba programada (y se hizo) el 9 de agosto.

Fue un alarde de fuerza, un asesinato masivo cometido para dejar claro para el futuro quién era el que mandaba. Y así nos va.

No dejen de llorar por los inocentes muertos en esta fecha. Infórmense aquí.

Y no dejen de llorar también por los palestinos que sufren hoy el horror de un holocausto provocado por aquellos que lo sufrieron. Queda demostrado que el ser humano no tiene remedio. Lo vemos cada día, a pesar de que haya gente que aún tiene corazón y coraje para decir las cosas. ¡Bravo por Norman Finkelstein!