Esta imagen la veo muchos días en un bareto de infame nombre cerca del lugar donde me prostituyo. Sobre las 7 y poco de la mañana, para más señas. Son bollitos y pan que el amable empleado repartidor le deja en la ventana al dueño del garito en cuestión. Y si pasa gente, ve la comida y no se la lleva, será que la cosa aún puede empeorar, porque cuando se roba comida es cuando de verdad las dificultades acosan.
Por cierto, que la calle es más que concurrida por gentes y coches, la ventana está a poco más de un metro del suelo y la suciedad en esa zona no es desdeñable, hay un solar cercano. En fin, no diremos de que negocio se trata no se llene luego de hambrientos y nos acusen a nosotros de la crisis. Con Donma y sus secuaces nunca se sabe.
