Valdevimbre, León. Restaurante «La cueva del cura» con espectaculares tortillas guisadas, mollejas y otras fruslerías tan deseables. A la entrada se puede ver lo de la foto.

Valdevimbre, León. Restaurante «La cueva del cura» con espectaculares tortillas guisadas, mollejas y otras fruslerías tan deseables. A la entrada se puede ver lo de la foto.

Vean señoras y señores lectores la pieza de museo de los horrores que he encontrado este finde en Belmonte (Portugal), en el hotel Bel-Sol concretamente. Se trata de una de esas ideas peregrinas de alguna revistucha o algún programa de tv. O algo peor. Al grano.
Las lámparas de la habitación estaban decoradas del modo que ilustran las fotos. Si uno no se fija demasiado hasta pueden pasar por estampado feos. Sin embargo, al acercarse, El Acechor se dió cuenta de que están hechas con cáscaras de huevo pegadas a la pantalla y luego recubiertas (para mayor durabilidad de la magna obra) con barniz. ¿Se tratará de las cáscaras de huevo que usan en el restaurante? Sin duda alguna, creo. Y luego las cuentas: unas ochenta habitaciones a tres lámparas por habitación ¿cuántos huevos se necesitan de cada tipo (blancos, morenos, con pintas)? ¿y cuántas horas de trabajo habrá requerido la brillante idea? ¿habrá acabado el ejecutor hasta los huevos de lámparas y de huevos? Estas y otras preguntas quedan botando en mi cabeza inquieta…



Para compensar la entrada de esta mañana de la serie «yo la tengo más pequeña» vamos con una de la antítesis «yo la tengo más grande». Vean esta muestra tomada en la calle Florianska o Dominikanska de Cracovia (no me acuerdo bien). Impresionante trabajo de artesanía bruta.

Y no me refiero a la sentencia de la tan traída y llevada trama Gürtel. No. Hablo una de las últimas publicaciones de Larousse, que visto que no venden enciclopedias (la Wikipedia arrasa, amiguetes) han decidido explotar otros nichos de mercado. En este caso el del «gili aburrido y mayormente inútil con ganas de tirarse el moco». El paquete consta de: librito explicativo de cómo se fríen huevos y una sartencilla «ad hoc». Inenarrable, increíble. Pero cierto. Sólo vale 22′ 50 euros, menos mal.