La foto de estos carteles fue tomada en Roma hace unos meses, en el barrio San Lorenzo, muy emigrante y estudiantil. No hace falta mucha traducción, pero por si acaso: Baste de dinero para su guerra, ahora dinero para trabajo, sanidad, casa, educación. No podemos estar más de acuerdo en estos tiempos aciagos que corren.
Por esta vez el título no tiene significados ocultos. En la foto se ilustra algo que ya he observado en varios lugares: caminamos sobre basura (escombros, restos, desperdicios…). En concreto la imagen está tomada en Roma, pero muchas de nuestras calles y edificios están sobre este mismo engendro, este mismo basurero que, algún día, podrán los arqueólogos estudiar para ver cómo fue nuestra chapucero siglo XX (y XXI).
Tengo un amigo que dice que hay media humanidad que desde que se levanta en la mañana está pensando cómo sacarle la pasta a la otra mitad del mundo. Puede que no le falte razón vista la cantidad de modos y maneras que se inventan a diario para tal tarea. Vean, como ejemplo, este catálogo de productitos de la oficina de la parroquia del Sagrado Corazón de Roma. Se encuentra justo en la salida de la estación de tren Termini, y es regentada por los salesianos, esto es lo que ofrece a los fieles. Lo mejor es aquello de «RESERVA DE SANTA MISA».
Que luego no digan que la Iglesia no se moderniza, joder. Vean el esfuerzo hecho para que los feligreses puedan seguir rascándose el bolsillo. La foto está hecha en una iglesia de Roma, Santa María in Transportina. De la limpieza de la pantalla de este sacaperras de última generación, hay que reconocerlo, parece que no se ocupan mucho. Nótese que está en tres idiomas, si es que el que no pone pasta es porque no quiere…
La señora de la foto ha decidido no hacer ni puto caso al cartelito en el que se dice que la capilla que está fotografiando con su móvil no permite ni fotos ni vídeos. Igual es que no entiende ni el idioma ni los iconos. O que hace lo que le sale de los botones.
En este mundo nuestro en el que todos -o casi- ejercemos de turistas ocasionales, será bueno recordar que tal circunstancia parece acrecentar las estupidez hasta límites estratosféricos. Ejemplo de hoy: Roma, la «boca de la verdad», donde la gente hace cola para meter la manita en las fauces de un trozo de mármol colocado en la pared de una iglesia y, como no, hacerse la fotito inmortalizadora de tal hazaña (la de hacer cola, digo).
Pues sepan uds. amigos lectores que si son capaces de aguantar el ruido, el calor, la cola y vencer el asco para meter la mano en tal lugar, habrán conseguido uno de los retos romanos. Los otros son tirar la monedita en la fontana de Trevi (ahora habrá que pagar para hacerlo), mirar por el agujero de la puerta para ver la cúpula del San Pedro y colocar un candadito o unos auriculares en los foros.
Y si han llegado hasta aquí sepan, abnegados lectores, que la tal «boca de la verdad» tenía como uso otro muy distinto cuando fue concebida, pues se trata de la tapa de una alcantarilla. De diseño e ingenio, eso sí, pero una tapa de alcantarilla. Hala, a turistear, a turistear que el mundo se va a acabar.
En el jardín de Vila Borghese, concretamente a la entrada del museo Carlo Bilotti (gratuito hasta hace poco) se encuentra esta muestra de «arte chapuceril» de pura factura italiana.
Mira tú por donde hoy no pongo boberías (y no es por falta de material). En una de las ventanas de la Casa delle civette (casa de las lechuzas) en Villa Torlonia (Roma), encontré esta belleza de gráfico y reflexión: Sabiduría y soledad. Cosas (ambas) de las que se carece en estos tiempos convulsos de pantallitas y publicidades.
Foto de un anuncio en una de las pantallas del aeropuerto Fiumicino (Roma) en la que la modelo vestida con traje otrora masculino se despatarra frente al público. No sé de dónde habrán sacado el concepto patético de que copiar las actitudes de los machos dominantes hará un mundo más igualitario. Ni idea, lo peor es que es una idea que parece universal.
Bueno, más que un muro la forja de una capilla de la iglesia de Santa Maria della Vittoria en Roma, si no me falla la memoria. En dicha iglesia existe una escultura del éxtasis de Santa Teresa hecha por Bernini que es una gozada de visión, ya que aprovecha para la iluminación divina un transparente en el techo de la capilla que da un aspecto muy natura a la pretendida visión sobrenatural de la santa abulense.
Obviamente tal elemento hace que la iglesia sea un punto de obligada visita cuyos adeptos dejan papelitos atados a la forja, amén de otros objetos (rosarios, pulsera, auriculares…) en una clara degradación de las costumbres (véase esta entrada en la que se hacía con mármol). El caso es ir dejando huella por allá donde se pasa y la popularización hace estas cosas. En las fotos se puede ver una general y varios detalles, entre ellos el clásico turista español (femenino en este caso) que no puede por menos de andar dejando claro de dónde viene.