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Negocio, estupidez y banalización de lo navideño

Paseando por la calle me encuentro ya, y es por desgracia inevitable, toda la parafernalia navideña. Y ayer me llamó la atención este cartel de una agencia de viajes («low cost» diríamos hoy) anunciando sus ofertas para estas tan señaladas fechas.

Y sorprende especialmente la variada oferta de «viajes de los iluminados», es decir: viajemos a algunas ciudades para ver sus luces navideñas.
Y así, la oferta incluye Bilbao iluminado por 33€, Madrid iluminado por 26€, Donosti iluminado, Vigo iluminado por 138€, Santander iluminado…
Y de regalo, incluso también podemos ir a visitar un madrileño centro comercial, «Xanadu» ¡UN CENTRO COMERCIAL!

El meteorito o los alienígenas ya están tardando, que sobrados méritos estamos acumulando, los humanos me refiero.

Querido diosito…

Aprovecharse de la credulidad es algo feo, muy feo y también puede ser muy lucrativo. Además funciona para todo bicho viviente venga del continente que venga. En la foto se puede ver un altar-monedero de la iglesia de Santa Maria Maggiore de Roma, donde se recogen las peticiones con la indicación en varias lenguas no vaya a ser que alguien no se entere. En el cartelito se especifica que si la intención se quiere exclusiva en una misa se haga un donativo sugerido de 15 euros. Si va con otras el donativo se deja la voluntad. No se aprecia bien en la foto, pero eso es lo que pone en italiano, español, alemán, inglés, francés, portugués, polaco y ruso. Se incluye bolígrafo (atado, claro) para el eventual caso de que no por no llevarlo no se pueda hacer la recaudación. Los sobres y los papeles con las intenciones quedan a cargo del postulante.

Las fisuras del sistema

Esta hucha de tamaño XL, forma parte de la serie «Sacaperras» recientemente inaugurada. La foto fue tomada en una de las catedrales del siglo en curso -los aeropuertos- en las cuales se adora al dios de la prisa y el del movimiento. Concretamente en el de Dublín. Alguien pensó que qué mejor manera de que los turistas extraeuropeos dejasen allá las monedas y billetes que luego iban a quedar almacenados en algún cajón perdido de vaya-ud-a-saber-qué-país. Si encima tiene uno la sensación de aportar a una buena causa, aún mejor.

La bolita, ejem, bolaza, debió caerse en algún trasiego aeroportuario o quizá fue chutada por algún aficionado al deporte rey. El caso es que con un poco de cinta precinto… Total, para qué voy a ir a por la transparente si con esta marrón que tengo a mano… Como ven la chapuza vive en los lugares más insospechados.