Ocurrencias contemporáneas

Igual es que soy muy burro y no acabo de entender estas «instalaciones» como «arte». Esta «pedazo obra» de un «pedazo artista» (o pedaza, a saber) se encuentra en las ruinas del monasterio de Sandoval, en Léon.

Disfruten del engendro si pueden. Yo, como burro que soy, tendré que esperar que me lo expliquen como obra de arte, porque a mi me parece -simplemente- una «ocurrencia».

Ingenio leonés

Vean esta solución encontrada en una carretera de León hace unos días. No intenten voltear la cabeza para leer el cartelito, igual se luxan las vértebras.

¡Ay, excelencia en el trabajo!¿Dónde te encuentras?

Por cierto, el monasterio de Sandoval, donde nos dirigíamos, es una visita muy recomendable.

Vamos quedando menos…

Al paso que va la cosa se van a tener que añadir más rayas (y no de coca) a la banderita que lleva la democracia, la libertad y la prosperidad al mundo mundial. Si para eso hace falta una internvecioncita, una invasioncita, una guerrita… pues se hacen y ya está, que el que manda, manda y el resto a agachar el cogote y obedecer, que el imperio elegido de los dioses no puede errar. ¿O si?

Bueno, también se puede reducir el tamaño del tipo de letra, claro, y en unos años se podrá poner la lista del resto, los aún vírgenes, que será más corta.

¡Cosas veredes, Sancho!

Más madera

Otra publicación de esas que tanto le gustan Al Acechor:

Será que así, con este nombre tan «cool», el personal acudirá con más ganas a ponerse ciego de alcohol.

Y tiene bemoles que en España, en Castilla, en lugar de defender lo nuestro, nuestro patrimonio, nuestro idioma, nos dediquemos a hacer semejantes boberías. Para más inri, muchas de estas mentes ocurrentes serán las que luego vayan luciendo la rojigualda en la muñeca. Eso, de pacotilla…

¿Te molesta?

Esta es la (estúpida) respuesta, dada además con cierto tono chulesco, más habitual de ciclistas circulando por las aceras cada vez que pasan a mi lado y tengo la «osadía» de molestarles por recriminar su no uso de calzadas y carriles bici. Por lo frecuente, bien pudiera parecer que fuese un modelo de respuesta aprendido en algún catecismo del ciclista urbano. Y esto suele ocurrir así con pedalistas de todo tipo de bicicletas, tanto las de tracción animal como las de tracción eléctrica.

Eso sí, hay que verlo y resulta grotesco, muchos de ellos (los ciclistas) mal circulan por las ciudades, poniendo en riesgo su propia integridad, equipados como si fuesen a correr alguna competición deportiva internacional (excepción hecha del reglamentario timbre, que ni uno lo lleva) y virtualmente ninguno respeta pasos de cebra, semáforos ni el resto de normas de circulación.
El mensaje que aparentemente transmiten con este comportamiento, básicamente, se reduce a: voy en bici, hagoloquemedalagana y no molestes (claro, este tipo de vehículos no portan matrícula que permita identificar a los infractores y, lo que es peor, mayormente no disponen de seguros de responsabilidad civil).
Además, todos suelen lamentarse amargamente y en voz alta acerca de lo poco que les respetan a ellos, los pedalistas, otros vehículos automóviles.

En definitiva, la respuesta a la pregunta inicial es, simplemente, irrelevante; tanto como la respuesta a las siguientes preguntas:
¿Te molesta que un coche adelante tu bicicleta a toda velocidad sin mantener una distancia mínima?
¿Te molesta que aparque mi coche sobre la acera?
¿Te molesta que conduzca mi coche a 180km/h con límite 90?
¿Te molesta que conduzca bajo los efectos de alcohol y/o drogas?
¿Te molesta que conduzca sin seguro?
¿Te molesta que me salte una señal de stop?
¿Te molesta que me salte un semáforo en rojo?
¿Te molesta que no respete un paso de peatones?
¿Te molesta que circule en sentido contrario?
¿Te molesta que circule con neumáticos completamente desgastados?

No se trata de una cuestión de molestar o no molestar, e intentar explicarlo es una tarea imposible.

PD:
En ocasiones, y por probar, me entran tentaciones de circular con mi «scooter» por la acera a velocidad bici y comprobar cuanto tardo en ser detenido. Sí, un poco extremo ya lo sé, pero quizás así, y por reducción al absurdo, pueda entenderse mejor el asunto.
Y bueno, lo de los malditos patinetes mejor lo dejamos para otro rato…