Pues aunque parezca mentira, estos señores no anuncian un maravilloso viaje a la mítica capital del imperio mongol,
donde la leyenda y algunos hallazgos arqueológicos sitúan a Xanadú, sino un viaje, asómbrense: A UN CENTRO COMERCIAL. En la Salamanca de los 80, cuando la peseta y el escudo, se organizaban viajes al mercadillo portugués cada primer fin de semana. El objeto no era otro que llenar el autocar de gentes que se querían ahorrar unas «rubias» comprando en el país vecino, cuyo nivel de vida hacía del mercado una golosina. El turismo de bocadillo y alpargata, en palabras llanas. Han cambiado los tiempos, pero no las costumbres. Se viaja en autocares al brillo artificial de las luces de neón de un centro comercial madrileño, cuyo mayor logro es tener una pista de esquí artificial. Tan artificial como la vida que vende, como la que nos rebozan en los morros todos los días en la tele, en las pelis y en las revistas. Vamos, un viaje al mundo del consumo estúpido, sí, ese que hace crecer la economía mientras atrofia los cerebros. Hagamos una rápida visita al centro de adoración del dios occidental por antonomasía, el boato, y a su hija unigénita, la ostentación. Luego se podrá comentar al día siguiente con los otros compañeros de trabajo (el que tenga esa suerte) de cómo un mileurista puede, por una tarde, ser el príncipe de Xanadú.
Archivo por días: 3 marzo, 2010
Espacio de despilfarro

A los politicastros que gobiernan este país se les llena la boca de boberías y viven en los mundos irreales que su megalomanía crea en paraísos imaginarios. Y luego pretenden hacernos partícipes de sus iluminaciones al resto de tristes mortales que pagamos esas tonterías. Una de ellas, ilustrada en esta foto, es la idea que tienen de que la información que nos brindan puede cambiar la realidad. Una campaña publicitaria y todo se arregla. Ni el mismísimo Goebbels tenía tan clara la función de la propaganda.
El edificio que se ve es el hospital clínico universitario de Valladolid. La pared que cubre el muro tiene (medida en el SIGPAC) 15 metros de ancho. Calculo que la relación de ancho-alto del «cartelito» es de 1’5 x 1, de modo que andará, grosso modo, en unos 15×20 m. O sea, unos 300 metros cuadrados. El precio de impresión de material en tela para un mortal como yo anda los 30 euros el metro cuadrado. Para las instituciones, como el SACYL, no creo que bajen de 40. Esto hace la espeluznante cifra de 12000 (si, DOCE MIL) euros el precio de la brillante idea del memo que ha decidido publicitar la frasecita, eso sin contar con los gastos de colocación. Si pienso mal lo hago en el sentido de que algún familiar de algún cargo ha sorteado bien la crisis. Si pienso peor lo hago con la mente en las listas de espera que se alivian con hospitales privados. O peor, si la mala suerte te acompaña, el alivio se hará en el camposanto.
¿No habrá mejor destino de los caudales públicos que engrandecer la megalomanía de nuestros dirigentes?