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Servicios capitalinos

Viene siendo alucinante cómo los restaurantes, bares, cafeterías… descuidan a menudo la limpieza, orden y funcionamiento de sus servicios. Este ejemplo que ven es del servicio de una trattoria-pizzeria romana que, como ven, ostenta el clásico cartelito de no tirar cosas raras a la taza, una costumbre universal a lo que parece. Más abajo escrito con rotulador en los botones de descarga las palabras SI-NO. Pensé que era algún chiste sobre los referendum, pero no. Es que uno sí funciona y el otro no. Raro es que funcione uno, porque el embelledor está sujeto con cinta aislante de mala manera. En fin, italianadas.

Querido diosito…

Aprovecharse de la credulidad es algo feo, muy feo y también puede ser muy lucrativo. Además funciona para todo bicho viviente venga del continente que venga. En la foto se puede ver un altar-monedero de la iglesia de Santa Maria Maggiore de Roma, donde se recogen las peticiones con la indicación en varias lenguas no vaya a ser que alguien no se entere. En el cartelito se especifica que si la intención se quiere exclusiva en una misa se haga un donativo sugerido de 15 euros. Si va con otras el donativo se deja la voluntad. No se aprecia bien en la foto, pero eso es lo que pone en italiano, español, alemán, inglés, francés, portugués, polaco y ruso. Se incluye bolígrafo (atado, claro) para el eventual caso de que no por no llevarlo no se pueda hacer la recaudación. Los sobres y los papeles con las intenciones quedan a cargo del postulante.

Sobre Palestina

Ayer me llamó la atención encontrar una sandía de punto (o ganchillo, no sé bien la diferencia) colgando en el escaparate de una librería de Salamanca. Es la de la foto. Además incluye un Qr como mandan los cánones de estos tiempos y una dirección web donde se explica el sentido de esta acción. Hay también enlace a un pdf con más información y sitios donde ampliarla o actualizarla.

Un intento algo más productivo que algunas lecturas de «Poesía por Palestina» a las que he acudido tras cuya indudable buena intención no subyace otra cosa que pasarse las manos por la espalda diciendo «qué razón tenemos», «cómo está el mundo», «hemos hecho lo que hemos podido» y todo queda en eso, es bellas vanas palabras, buenas intenciones y, hala, cada uno a su casita que por hoy la conciencia nos queda tranquila.

Ahí les va la foto del colgante, por si a alguien le interesa.

Artes contemporáneas

Vean esta «instalación artística» encontrada en una plazita de Herculano. Lo que se ve son docenas, quizá centenas, de pantalones colocados a modo de cobertura de un andamio. No sé qué considerar más horroroso, si el objeto de fondo o la idea de cobertura. Como diría uno que yo me sé: «Pedaso artita» (expírese ligeramente tras pronunciar la sílaba «ti»).

Cosas inmutables

Quien haya visitado Roma habrá visto que la inmundicia en ciertas zonas -incluso del centro- es más que notoria: es omnipresente. No en todos los barrios, obviamente, pero es llamativo el hecho para gentes que procedentes de lugares «más salvajes» como España, por ejemplo. La costumbrita de vivir rodeados de basura no es de ahora. Como demostración vean la foto hecha en la Via della Lupa, en pleno centro, cuyo texto reza:

«Por orden de Monseñor P. ilustrísimo y el reverendísimo presidente de las calles se prohibe a cualquier tipo de persona lanzar o hacer lanzar inmunndicias en este lugar bajo pena publicada en el edicto del 16 de febrero de 1753»

Nótese en la parte baja una de las especialidades italianas (pizza, pasta, chapuza…) que además nos deja claro en este caso que la placa de mármol era anterior, que le recortaron la parte baja y le añadieron la fecha. Vamos, un completo documento histórico plantado en la pared de la calle de la loba, animal a cuya labor se atribuye el origen de la ciudad.

Tautologías

He leído por ahí que esta que pensaba que era una tautología cristiana resulta que quizá está copiada, como tantas otras de esa religión. Esta foto está hecha en Villa Torlonia, en Roma. La versión en español es «yo soy el que soy». Según eso también no soy el que no soy, y si nos ponemos a tirar del hilo acabamos en uno de los inefables trozos escritos por «Les Luthiers»

La realidad se copia a sí misma

Alguien coge un espray de pintura roja y se va a hacer la pintada protesta (como si sirvieran de algo) a la orilla del Tíber, en Roma. La falta de previsión hace que cuando se le acaba la pintura no tiene otro bote de reserva el muy capullo, así que deja la pintada a medias. O quizá le vio las orejas a la loba y salió corriendo con ganas de no volver. El caso es que ahí quedo a orilla del río (al fondo se ve la calle Lungotevere) la media pintada: STOP GEN.

Lo curioso es que la pintada ha quedado como el acuerdo de paz: a medias, de modo que la realidad se copia a sí misma, no sabemos qué fue primero si el acuerdo o la pintada, por tanto quedará la duda de si fue premonitoria o una original forma de protesta. Esta última posibilidad no parece plausible toda vez que hay media O y encima la G parece una C. Una chapuza, como muchas de las que se ven en este santo país y como el propio «cerebro» del plan de paz de Gaza, urdido por un matón, el chulo del barrio que se va pavoneando y acojonando débiles.

Cabreo mayúsculo

Y además en mayúsculas. Pintada de unos 20 metros de largo por casi dos de alto, hecha en una de las paredes de una facultad de la zona de la universidad Sapienza de Roma. ¡Qué cabreo tendrá la criatura para hacer esta pintada! Por cierto la he visto en algún otro sitio también, de modo que el cabreo debe ser de órdago a la grande, la chica, los pares y el juego.

La traducción de «Non ho mai imparato» sería «No he aprendido nada». Hala, gentes que en las hispanas universidades estáis, mostrad vuestros cabreos en semejantes tamaños.

Va de pintadas

Esta, sin duda hecha por un español, se encuentra en la entrada de Villa Borghese más cercana a la Piazza del poppolo, en Roma. Lo del español lo digo porque quién si no, pondría una ñ en una pintada que, además, está en ese idioma. Bueno, a medias, porque parece que alguien añadió la parte superior en italiano (soy un cerdo). El mensaje no puede ser más adecuado en una ciudad donde hay una mirlada de gente que vive en la calle y cuyas condiciones higiénicas, por tanto, dejan bastante que desear. Y bastante resulta un adjetivo muy considerado, créanme.