Ideas peregrinas de la generación «Master»

amás de cornudo, apaleadoImagen captada hace unos días en el escaparate de Oysho, franquicia del magnate español de la moda. Uno de sus chicos/as, estos que estudian con furia en universidades privadas (de moral, sobre todo), que a codazos y golpe de billetera se hacen con un master en alguna universidad yanqui (a ser posible) y que van pisoteando compañeros sin conocer más amistad que la cuenta bancaria y el boato estúpido han parido la idea del otoño: ¡Maniquíes con cuernos! Joder, o me llaman cornudo si lo compro, o me llaman imbécil si no voy a la cornúpeta moda de las mentes calenturientas de esta gentuza. Lo peor es que encima irán de ecológicos porque son de madera. Bueno, también las eléctricas y las petroleras llevan logotipos verdes para esconder sus negras maneras y mareas (respectivamente). Lo que más me sorprende es que no le hayan puesto una puta nariz roja y ya vale para la temporada de navidad que empieza uno de estos días. Mañana igual veo algún papanatas colgando bolitas de colores o poniendo pretenciosas alfombras rojas. Pero bueno, eso es harina de otro costal. Les dejo con la saga de frenti-adornados.
Ah, mira, acabo de entenderlo: «Amás de cornudo, apaleado»

Del mismo Perogrullo (provincia de Cái)

Perogrullo capitalLes juro que pensé que había sitios en que la falta de imaginación, la prisa o la desidia habían hecho del arte de nombrar humo de olvido. Hasta que el otro día me encontré en la Plaza Plazuela en el mismo corazón de Alcalá de los Gazules (si mal no recuerdo). Puede ser incluso que llegase a ella a través de la Calle Calle (pero calle, hombre, calle, que ya ha dicho lo que tenía que decir).

Arrecia la crisis

Instantánea capturada el otro día en Palencia. El paisano está pescando en el río, concretamente cangrejos. No se verá muy bien en la foto, tan pequeña, pero los reteles están atados con cuerdas de la ropa (trozos), tienen un plástico arriba junto al atado del pretil del puente con el dni (fotocopia) del paisano. Y lo que nos queda por ver…

Una de becarios/as

Paseando por la ciudad de Béjar se pueden encontrar las imágenes que a continuación se muestran. En sentido cristiano (es decir, de izquierda a derecha, que los paganos van a la inversa) mi secuencia de pensamientos:

– Se ha equivocado
– Uf, el jefe le dijo «dale la vuelta a los que no han pagado»
– Era un becario, fijo, la vuelta del revés, hijo, no boca abajo
– Pero no entiendo, el negocio está a 600 Km.
– No entiendo nada.

Pero me parece bastante claro que la intención es la de que los anunciantes que se han retirado (ergo, ya no son clientes) no tienen derecho a anuncio. Viene corroborado porque vi alguna inmobiliaria. Luego lo de los carteles de-vaya-usted-a-saber-donde será que, por la crisis, no había dinero para limpiarlos o comprar chapas nuevas.

Si este es el mundo del eterno becario/a que los empresarios en crisis quieren parece que la miseria nos dominará, pero al menos nos vamos a reír largo y tendido. Me han contado de una persona becaria a la que no le salían una sumas tras varios intentos, de hecho cada vez le daba una cosa. ¡Y tenía la carrera de gestión de empresas! Ya he dicho que nos vamos a reír mucho. Al tiempo.

La solidaridad se va de vacaciones

¡Menos mal! Había llegado a pensar que vivíamos en un mundo de super-seres (hombres, mujeres, niños, adolescentes y peces -en extinción-) que jamás descansaban. Me doy cuenta, sin embargo, que las gentes necesitan descansar hasta de la solidaridad (igual es lo que más agota) y se toma sus merecidas vacaciones. Igual se han ido a ser solidarios a otras partes del planeta o igual es que los pobres no acuden al comedor y, por falta de clientela, se ven obligados al asueto veraniego. Prometo vestirme de paupérrimo (ropa de imitación, coche viejo, sin manicura…) y acercarme a preguntarles si en navidad también cierran y tendré entonces, como otros estúpidos, buenas razones para odiar la navidad igual que odio el estúpido verano.

comedor solidario de vacaciones

P. de picaresca

potón por pulpoCada día me resulta más difícil no pasar por tonto, no ser engañado, tener una mínima conciencia de la realidad que me circunda. La publicidad hace de palanca en los cerebros de los modos más insospechados para lograr el único fin que actualmente parece importar: la pasta. Les presento un manifiesto engaño dentro de los límites de la legalidad, para que nadie pueda echarse las manos a la entrepierna y denunciar a nadie. Quedan lejos los tiempos de las marcas como SONYA, SANKYO ó sus innumerables variaciones que atraían a los incautos compradores que no prestaban demasiada atención a la grafía de las marcas. Un coladero de productos que vivían (y viven) a la sombra del prestigio de los grandes. Pero no es la única forma de dispersión, no. Existe esta otra, la del impacto visual del producto más allá de la marca. Es el caso de este paquetito de P. COCIDO cuya imagen enseguida nos hace pensar en el pulpo, pero que, como se puede comprobar nada más dar la vuelta al paquete, se trata de POTÓN DEL PACÍFICO, producto mucho más barato, menos vendible por su nombre y que se hace pasar en muchos bares de pinchos por el afamado pulpo. El potón es un cefalópodo de considerable tamaño cuyo sabor es bueno y su textura agradable siempre que se cocine bien. Tengo amigos que afirman no poder distinguirlo del pulpo. Se da la casualidad, eso sí, de que en el lugar donde lo compré el cartel hecho a mano que anunciaba la oferta (1 kg. por 5 euros) ponía claramente PULPO COCIDO. Puedo pensar que debido a un perdonable error el comerciante había picado (con p.) como es la pretensión evidente del cartel. No así en otro lugar en que el más cauto vendedor había repetido la patraña del p. con toda naturalidad.
La p. de picaresca sigue vigente hoy más que nunca, de modo que hay que andarse con cuidado para no picar (con p.) en las patrañas (con p.) de la publicidad (con p.) y que nos den p. por pulpo, digoooo, gato por liebre.

Con B de Vestia, señor…

¡MCon B de vrutoenuda panda de acémilas hay en las calles! Incluso tras el PC, observen sino, la foto del cartel que he encontrado en las pucelanas paredes. Igual es un truco publicitario, porque luego en el texto de letra pequeña está bien escrito. Vamos que será el único documento en el que la letra pequeña nos dé una sorpresa agradable.
Por cierto, si este es el resultado de los últimos planes educativos, mejor volvemos a los viejos… Y eso que hasta les ponen una asignatura de informática (con guarrindous, claro) pero parece que este no ha aprendido a darle al botoncito con las letras abc que todo programa de diseño, oficina o correo-e que se precie incorpora. Y es que ya lo dice el adagio «quod natura non dat, Salmantica non praestat» que en román paladino viene a ser «de donde no hay no se puede sacar».

Lluvia dorada ¡en bolsas!

Lluvia_dorada Desde luego la inventiva publicitaria no tienen límite. Caso ejemplar es este sobre de plátano macho frito que se vende en Lidl y que anuncia, como quien no quiere la cosa, una lluvia dorada sobre el mundo. Jesús, que tolerancia la de esta sociedad-suciedad que vende las perversiones en bolsas asequibles a cualquier bolsillo. Bueno, quizá estoy siendo muy mal pensado y todo resulta en una mala interpretación, involuntaria, del texto que acompaña al producto. Veamos, busco en el oráculo del siglo XXI (sangoogle) a ver que dice: y, efectivamente se confirman mis temores puesto que todas las primeras entradas hablan de sexo. Vale, pensé que me estaba volviendo paranoico. Entonces la conclusión es clara y evidente: PQC (Pero qué coño) piensan los diseñadores cuando hacen su trabajo. O, siendo castellano (ergo pensando mal para acertar), ¿no será perfectamente voluntario el desliz?
En fin, buenas noches, que se me calienta la neurona y lo mismo peta como una batería en cortocircuito.