Ñoras, ñores: se abre la veda de gazapos y gamusinos

Ni los más grandes proyectos y multinacionales están exentos de errores, amigos. He encontrado este gazapo en los mapas de yahoo. Queda inaugurada nuestra sección PQC (Pero qué coño ó Pero qué cojones, a elegir) libre castellanización del WTF (What the fuck) anglosajón.
Tendré más adelante, cuando consiga la foto ilustrativa, el placer de poner a bajar de un burro a los señores de Villavieja del Cerro con motivo de una polémica idea que andan estos días rematando en ese pueblo de la meseta castellana. Como decían los otrora geniales Tip y Coll, la semana que viene… ¡Hablaremos del gobierno!

Una decoración de muchas luces y pocas luces

El afán por la modernidad ha calado hondo en nuestro patrio territorio, quizá motivado por el sentimiento de inferioridad heredado de tiempos de la posguerra. Y puestos a desterrar semejante sensación de nuestras vidas estamos dispuestos a tomar actitudes entre catetas y estúpidas con tal de quedar como gente actual y actualizada. Tal es el caso del despilfarro lumínico que derrocha la plaza del torico en Teruel. Han llenado el pavimento de la plaza (la foto no es muy afortunada, lo sé) de un montón de carísimos elementos luminosos a base de LED, incrustados en las piedras. Todos del mismo color, bueno, todos menos uno o dos, que ya tendrán el valor de explicarnos y justificarnos filosóficamente. Como era de esperar el tránsito de personas y vehículos en horario permitido hace mella en las luminarias que tienen que ser restauradas por un grupo de cinco o seis operarios, como pudimos comprobar a la mañana siguiente a esta toma.
Luces, lo que es luces, pocas muy pocas demuestra la gente que ha parido semejante gilipollez que además de cara es hortera. A veces hasta se tiene uno que alegrar de que la crisis esté pegando fuerte en las entrepiernas de los ayuntamientos y otras corporaciones. A lo mejor hasta aprenden y dejan de hacer el memo gastando nuestros impuestos en mamarrachadas inútiles que tan sólo a los iluminados de los artistas contemporáneos gustan. A lo mejor hasta cambian de color y se ponen de color rojo de la vergüenza, pero francamente lo dudo.

Pa chulo yo, y pa guarro tamién

Observo últimamente la costumbre de plantar pintadas con vaporizador en las paredes de locales para anunciar su venta. Atrás quedaron aquellos tiempos en que se hacían letras perfiladas con regla, atrás quedó el cartel impreso, tragado todo por la absorción de generaciones anteriores de costumbres de los más jóvenes. Así, este señor (y podría poner una docena de fotos sin mayor esfuerzo) ha hecho de su local una bella decoración. Claro, que como lo tiene a la venta/alquiler, tres narices le importa que esté feo. El que venga detrás que arreé, máxima de este santo país.

Un buen nombre

Que duda cabe que un buen nombre es el mejor anuncio de un libro, una película o incluso un hotel. Hay, desde luego, muchos ejemplos que podemos gozar en la vida diaria. Este hostal de Almuñecar (si no recuerdo mal) tiene esa rara cualidad de describir al dueño más que al negocio. El nombre me recuerda a Vaya con Dios o Yo la tengo, igual es un seguidor. En cualquier caso no me parece adecuado andar mezclando cosas tan mundanas como el café, la cama y el dios, pero allá cada uno con sus gustos y sus creencias. Igual le hacen quitar el cartel por atentar contra la moral de alguien, tal y como van las cosas últimamente… Y bien pensado, según los mandamientos de los cristiano-católicos el primero de ellos precisamente versa sobre el tema, de modo que alguien se puede molestar.

El cabreo invade las calles

Y además es lógico. Esta foto fue tomada en Arroyo de la Encomienda (Valladolid) hace un par de meses, en una urbanización a medio terminar que la crisis dejó hibernada. Es fácil imaginar qué motivos llevan a la gente a hacer estas cosas. Lo curioso, y de eso no tengo documentación gráfica aún, es que el otro día al pasar por el mismo sitio vi que alguien de la constructora o promotora había tapado parte de las pintadas. Prometo hacer foto y publicarla. Pero la conclusión es clara y evidente: les pica que se haga público el cabreo de la gente. La consecuencia también es evidente: hacer pintadas SI sirve para algo, por si alguien lo dudaba. Pues a protestar, gentes, a ver si nos hacen caso.

País civilizado donde los haya…

Foto tomada hace un mes en la alcazaba de Almería, sobre las 5 de la tarde. Lo curioso es que un poco más arriba hay unos bellos, limpios, modernos y gratuitos servicios públicos. Un dechado de civilización este puto país… Luego nuestro presidente quiere hacer alianza de civilizaciones y aún no se ha dado cuenta de que para eso se necesitan civilizaciones, y no sólo buenas intenciones, palabritas y decretazos empobrecedores de la sociedad, la cultura y la economía, perdón, econo-suya.

He dicho.

Lanzarotadas

El viejo adagio «haz lo que digo, no lo que hago» es perfectamente válido como explicación a este cartelito que lo chicos de ayto. de Salamanca, en su encomiable labor de destrucción de la ciudad, nos han colocado. Bueno, la idea habrá sido de su agencia de publicidad (propiedad de algún colega, sin duda) y se encontraba no hace mucho, en el paseo de la estación.
Gentes que paseáis la ciudad, daos cuenta de que se puede ser sostenible gastando los dinerillos en estúpidos carteles luminosos.

Guía «Galguín» de restauración

Si la marca de neumáticos (cuyo nombre ha pasado en el acerbo popular a significar lorza de grasa) tiene una guía de dónde se come bien, inauguro hoy una nueva guía de justo lo contrario, de dónde se come para convertirse en galgo. Si alguien se pregunta la razón de que se un galgo pues será respondido con que en estas fechas los perros y otras mascotas son vilipendiados por sus dueños y sometidos a abandono cruel. Por eso pasan hambre y penurias a los que quiero rendir homenaje desde aquí.
Pero no nos desviemos del tema, queridos lectores, que la razón que nos trae esta noche al blog no es otra que la venganza y el aviso. Venganza contra la cutrería miserable de un hostelero y aviso de navegante para que otros «pardillos» eviten caer en las redes de «El molino rojo» sito en la calle Gabilondo 15 de Valladolid.
Esta noche nos han soplado 33,15 por dos pinchos morunos tamaño estándar, cuatro cañas y una ración de bonito con pisto. Los pinchos, entre los dos y su guarnición (lechuga, pimientos de bote y dos (2) setas chicas) llenaban un plato de 25 cm. a duras penas (la lechuga hacía un buen tercio). El plato estrella, de similar tamaño, exhibía una fina capa de pisto y unos medallones (5) de bonito que entre los cinco no hacían media rodaja, osea, en esta época, un euro (1) de pescado. Da la casualidad que hace tres días compré una generosísima rodaja de bonito de mayor peso que los cinco miserables medallones mencionados que me costó dos euros. La espectacularmente ridícula ración de bonito con pisto valía la friolera de 14 del ala.
La conclusión que saco, señores, es que en este puto país sigue habiendo más listos que personas y más chorizos fuera de la cárcel que dentro. La hostelería tiene aún mucho que aprender en cuanto a trato y equidad. Un cliente no es un «panoli» al que se deba estafar porque, total, no lo conozco y no va venir más. Un cliente somos todos en algún momento. Ya está bien de dar el palo, robar al fin y al cabo, y quedarse tan ancho como si cuando se echa limosna.
Podría, y quizá debería, haber pedido el libro de reclamaciones y hacer constar la pequeña estafa. Pero no me oiría más que el inspector de turno de la Junta de Castilla y León. Prefiero usar la red y evitarle a futuros clientes por este medio, el disgusto. Lo haremos los cuatro presentes también de viva voz.
La conclusión, señor propietario del «El molino rojo» es clara y evidente. Ganar de forma fraudulenta unos pocos euros le ha hecho perder más allá de unos cientos. Se lo merece.
Queda inaugurada esta guía.

Autoexplicativo

No me resisto a sacar del olvido esta foto que tome en las fiestas de San Juan en Ciudadela (Menorca) el año 2009. El cartel está atornillado y bien atornillado a la puerta del servicio del bar, plastificado además. Si se viese el suelo se podría perdonar que, al menos en el de chicas, entrasen dos personas. Pero bueno, sus razones, más que evidentes, tendrá el dueño para hacer estas cosas.

¿Gracia o desgracia?

Vivimos tiempos en que, alentados desde los medios de comunicación, campan la vulgaridad y la chabacanería por doquier. Fue gracioso, en su momento, que alguien pusiese a unos espárragos de nombre lo que entendían era el adjetivo que mejor los definía. Me refiero a los «Cojonudos» que todo el mundo conoce y ha degustado. Luego parece que ha proliferado aquello de «yo la tengo más larga» y paso tu nombre a los anales de lo fino y delicado. Ejemplo que ilustro con estas botellas de licor de la foto tomadas en Asturias hace unos días. Huelga decir que no las he probado porque no me atrevía a entrar a la tienda y decirle que me diera «una botella de licor hijoputa» no sea que me entendieses «una botella de licor, hijoputa» y acabásemos en el juzgado de guardia. Quizá no me atreviese, ahora que lo pienso, por aquello de que somos lo que comemos y bebemos. Quizá, en última instancia, si lo llevase de regalo o lo pusiese en la estantería de casa me quedase sin los pocos amigos que la crisis y los niños van dejando. O quizá, quien sabe, debería haberlo adquirido y pasar a formar parte de las belenesteban de este país que se ganan bien la vida sin más que chillar y pregonar a los cuatro vientos que la incultura, amigos y amigas lectores, es fruta de todo tiempo, de buena cosecha, poco riego y ácidos jugos.
licor_hijoputa