Fotografía tomada en Florencia hace ya un tiempito. Vean como la señorita policía cuida no solo de la seguridad ciudadana sino también de la estética propia. La longitud de las uñas no parece que pueda afectar al funcionamiento de la pistola, pero quizá, solo quizá, no sirva de mucho a la hora de empuñar la porra. O sí, a saber.
Durante unos días/semanas/meses me tendrán que perdonar los lectores por la inasiduidad de las entradas, me temo. Se debe a unos ligeros cambios de vida que me tienen y tendrán ocupado. No dejaré de recopilar material, sin embargo, o de recuperarlo de la olla del olvido, como es el caso que hoy nos ocupa. Es una especialidad de los italianos venderse bien (que heredaron los argentinos). Y el turismo consiste en venderse, tal y como vimos en la entrada del elefante sardo. Hoy pueden apreciar dos fotos de la taquilla y la consigna de equipajes de Alghero, en el noroeste de Cerdeña. Vean a la usuaria buscando su equipaje, bajo control digital (useasé a dedo) del funcionario de turno, así como el otro usuario (el que firma estas líneas) que contempla, atónito, la imagen y hace la foto para goce y deleite de ustedes.
Si hay una cosa en que los italianos son especialistas (aparte de la pizza, la pasta, las ropitas, los cochazos…) es en venderse. Vender bien, bien. Deberían hacer una facultad para enseñar al resto de los mortales esos que, valiendo mucho, se venden mal (portugueses, polacos, griegos…) Un ejemplo es el que casi puede ser considerado «el monumento» de Cerdeña: el elefante. Ni siquiera es un elefante y ni siquiera es un monumento, es símplemente una formación natural que recuerda a ese bicho (ya casi extinto). Vean la fila de turistas (el imbécil que escribe entre ellos) que se dan cita para hacer una foto (quizá un selfie) con la piedrita de marras. Impresionante (no la piedra, sino el hecho en sí).
Por si acaso no había quedado claro ayer la italo-chapuza, vean este otro ejemplo de tubitos al aire. Es que a estos señores les gusta tener las cosas al aire.
No sólo los españoles y/o portugueses somos chapuzas. La chapuza campea a sus anchas por el mundo, y aunque podría poner ejemplos sacados de mi propia casa (por desgracia unos pocos) también los encuentro en la calle. Esta foto que ilustra el comentario está tomada en Italia, hace unos cuatro años. Ya en los próximos días les iré poniendo algunas de ellas para que vean ustedes a qué niveles se puede llegar. Y no sólo en los vagos habitantes del sur, que lo nórdicos también tienen lo suyo.
No es que tenga nada contra los italiano, qué va. Es que tenía estas fotos desde hace tiempo y no quiero pasar la oportunidad de que las vea la concurrencia. La que hoy les pongo está hecha en Porto Cervo (Cerdeña) quizá el más selecto (léase pijo) de los lugares de veraneo de la isla. Forma parte de la costa esmeralda, un lugar descubierto por un príncipe (léase chupón) hindú en cuya familia recaen sospechas de tráfico de armas y estupefacientes. El lugar fue posteriormente prostituido hasta el hastío hasta convertirse en lo que en España puede ser Marbella (léase Corti-Gil). En la foto se aprecian las barquichuelas en que se gastan los poderosos el dinero que le roban a su súbditos y/o clientes. Pero como es Italia no puede faltar una chapu. Y ahí la tienen, la parabólica que toma la señal del satélite y la entrega a los peces de la zona. También había unas lapas grandes como platos, pero se conoce que allí no se comen.
Parabólica Porto Cervo
Los amantes de las parabólicas y sus usos alternativos pueden consultar también esta entrada.
Los italianos son unos chapuzas. Mucho más que los españoles, que también lo somos y a rabiar.
Vean estos carteles encontrados en Cerdeña, en una playita a la que concurren visitantes de todo el mundo. Llama la atención el ahorro en traductores y la imaginación de los ejecutores de los carteles. A ver si algún amable lector es capaz de enviar algo que supere a esto. La mejor es la tercera, sin duda, porque además explica el porqué del conjunto chapucil.
Aprovechar los restos que andan perdidos por la casa (reutilizar, vamos) es sin duda el futuro que nos aguarda. Pero ya hay gentes que lo hacen sin vergüenza y con bastante imaginación. Vean el ejemplo que les propongo. Es una señora que en pleno corazón de Cerdeña, hace gala de imaginación en una carretera al aprovechar una vieja antena parabólica para confeccionar su anuncio. La foto fue tomada en 2012.
Como hace mucho que no pongo boberías en este santo lugar (hablo del blog), hoy rescato del fondo de la memoria (de la cámara, claro) esta imagen.
Y es que lo cortés no quita lo valiente, lo fervoroso lo cómodo. Sin embargo, y como «hay gente pa tó» pues algunos feligreses preferirán sufrir un poquito en ciertos momentos. De ahí la ingeniosa solución vista en una iglesia de Cagliari (Cerdeña). Esto ¿será patentable como «sistema adaptativo y personalizable de sufrimiento de bajo coste y amplio espectro»?
En versión siciliana, eso sí. Vean este invento encontrado en Sciacca (Italia) en que se compensa la falta de espacio con una ingeniosa puerta-escaparate. Sin duda merece la pena un pequeño análisis, puesto que no sólo se solventa un problema sino que también se crea una sensación como de escaparate de barrio rojo de Amsterdam con este maniquí en su fanalito, como de mujer etérea, ideal, inalcanzable. Se admiten comentarios e interpretaciones, claro.