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¡Cómo está la cosa!

Fotografía tomada esta semana en una farola de Salamanca. No el barrio de Salamanca de Madrid, no. La ciudad universitaria. Vean cómo están los precios en un barrio medio céntrico y no especialmente estudiantil ni turístico (km y pico del centro): ¡280€ por una habitación! Suponemos que gastos aparte.

Mi abuelo, cuando en tierras bejaranas había 32º o 34º decía «Si así estamos aquí ¡Cómo estarán en Sevilla!

Extrapolando lo anterior: ¡Cómo estarán en Madrid los precios de las habitaciones!

¡Estamos los segundos!

Lamentable. Los salmantinos quedamos relegados al segundo lugar de España en bares por habitante. Eso sí, en duro litigio con los leoneses. Si es que esta ciudad ya no es lo que era en los 80, esos bellos tiempos de «la movida salmantina». Como se ve (difícilmente, pero se ve) en la imagen Salamanca está en ese 2º lugar con 83.

Nótese que los famosos bebedores vascos deben trabajar bastante para estar, incluso, entre los 15 primeros.

Aquí la impresión en pdf, que luego pasa lo que pasa…

Parecidos razonables

Créanme gentes que cuando vi el cartel este de lejos me pensé otra cosa que, supongo, no hará falta mencionar a los avispados lectores que visitan este lugar. Una vez me acerqué ya quedó claro que la mente me juega pasadas perversas que luego uds. sufren por acá.

Por cierto, tiene güevos lo feo que es el diseño: pueril, vulgar, inadecuado, ñoño, parco, descuidado, flojo. Eso sí, lo ha hecho una diseñadora que sin duda tendrá otros méritos, amistades, contactos o váyase a saber, que soy muy mal pensado.

Libertad…

Recibí una invitación de la FSF (Free Software Foundation) para una charla-encuentro en Salamanca. Hela aquí.

Allí nos personamos yo y un amigo. Y fuimos los únicos. ¡Los únicos! Ni un solo alumno de la facultad de ciencias, ni un solo curioso, ni un solo interesado más. El tiempo transcurría lento, lento, lento, marcado por la gota que caía del techo en el cubo rojo entre la mesa del estrado y las banderas. Ese toc… toc… toc… cada diez segundos convirtió nuestra espera de
quince minutos en noventa golpes de realidad. Chasco porque ni siquiera vino el conferenciante de modo que, después de 10 minutos tras la hora de inicio prevista y los quince de espera citados, nos fuimos tal y como habíamos venido. Quizá con un poco más de cara de tontos. He aquí el documento gráfico que ilustra el éxito del evento. Marcaba el reloj del ordenador las 17:09.

Esto, al parecer, es lo que nos interesa la libertad, la privacidad y la independencia de las grandes multinacionales. Vamos de cojones.

En Alba de Tormes…

… donde la devoción a Teresa de Cepeda y Ahumada (más conocida como santa Teresa de Jesús) encontré esta escultura. Concretamente en el parque conocido como el espolón). Disfruten ustedes de los extremos a los que puede llegarse en el «arte» de estos tiempos convulsos en que nos ha tocado vivir.

No es ya ¿qué cojones habrá querido representar la autriz con el cohete-casa que le sale del ojo izquierdo? Es, sobre todo, que no se salva ni el reverso que, llámenme obseso, tiene una reminiscencia que me dejó boquiabierto y quijadocaído. Hasta saqué el móvil y le hice estas fotos a pesar de que la maquinita que uso mejor casca nueces que hace fotos.

Nombrecitos…

Esa moda de poner los nombres en inglés en lugares en los que la población apenas sabe de esa lengua el «yes» y el «by» ha calado hondo. En esta de la foto las letras de la tienda Linda Nails son de tamaño descomunal. Sus clientas (casi solo tías) de inglés me temo que no sepan ni esas dos palabritas citadas. Tal es así la cosa que la emprendeduría puso bajo el que creen rimbombante nombre en inglés la explicación «manicura y pedicura» y, por si alguna parroquiana no llegase tampoco a esos términos abajo explica «salón de uñas».