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¡Estamos los segundos!

Lamentable. Los salmantinos quedamos relegados al segundo lugar de España en bares por habitante. Eso sí, en duro litigio con los leoneses. Si es que esta ciudad ya no es lo que era en los 80, esos bellos tiempos de «la movida salmantina». Como se ve (difícilmente, pero se ve) en la imagen Salamanca está en ese 2º lugar con 83.

Nótese que los famosos bebedores vascos deben trabajar bastante para estar, incluso, entre los 15 primeros.

Aquí la impresión en pdf, que luego pasa lo que pasa…

Parecidos razonables

Créanme gentes que cuando vi el cartel este de lejos me pensé otra cosa que, supongo, no hará falta mencionar a los avispados lectores que visitan este lugar. Una vez me acerqué ya quedó claro que la mente me juega pasadas perversas que luego uds. sufren por acá.

Por cierto, tiene güevos lo feo que es el diseño: pueril, vulgar, inadecuado, ñoño, parco, descuidado, flojo. Eso sí, lo ha hecho una diseñadora que sin duda tendrá otros méritos, amistades, contactos o váyase a saber, que soy muy mal pensado.

Libertad…

Recibí una invitación de la FSF (Free Software Foundation) para una charla-encuentro en Salamanca. Hela aquí.

Allí nos personamos yo y un amigo. Y fuimos los únicos. ¡Los únicos! Ni un solo alumno de la facultad de ciencias, ni un solo curioso, ni un solo interesado más. El tiempo transcurría lento, lento, lento, marcado por la gota que caía del techo en el cubo rojo entre la mesa del estrado y las banderas. Ese toc… toc… toc… cada diez segundos convirtió nuestra espera de
quince minutos en noventa golpes de realidad. Chasco porque ni siquiera vino el conferenciante de modo que, después de 10 minutos tras la hora de inicio prevista y los quince de espera citados, nos fuimos tal y como habíamos venido. Quizá con un poco más de cara de tontos. He aquí el documento gráfico que ilustra el éxito del evento. Marcaba el reloj del ordenador las 17:09.

Esto, al parecer, es lo que nos interesa la libertad, la privacidad y la independencia de las grandes multinacionales. Vamos de cojones.

En Alba de Tormes…

… donde la devoción a Teresa de Cepeda y Ahumada (más conocida como santa Teresa de Jesús) encontré esta escultura. Concretamente en el parque conocido como el espolón). Disfruten ustedes de los extremos a los que puede llegarse en el «arte» de estos tiempos convulsos en que nos ha tocado vivir.

No es ya ¿qué cojones habrá querido representar la autriz con el cohete-casa que le sale del ojo izquierdo? Es, sobre todo, que no se salva ni el reverso que, llámenme obseso, tiene una reminiscencia que me dejó boquiabierto y quijadocaído. Hasta saqué el móvil y le hice estas fotos a pesar de que la maquinita que uso mejor casca nueces que hace fotos.

Nombrecitos…

Esa moda de poner los nombres en inglés en lugares en los que la población apenas sabe de esa lengua el «yes» y el «by» ha calado hondo. En esta de la foto las letras de la tienda Linda Nails son de tamaño descomunal. Sus clientas (casi solo tías) de inglés me temo que no sepan ni esas dos palabritas citadas. Tal es así la cosa que la emprendeduría puso bajo el que creen rimbombante nombre en inglés la explicación «manicura y pedicura» y, por si alguna parroquiana no llegase tampoco a esos términos abajo explica «salón de uñas».

Viki eres osteópata

Hace años apareció en las calles salmantinas una pegatina que se esparció por la ciudad, el mensaje que tenía era: «Viki eres muy fea». Me suena haber publicado una entradita con el asunto, pero no la he encontrado, así que puede que mi memoria o la de la web estén fallando. También me suena haber leído en algún otro blog los improperios que alguien lanzaba contra la pintada que era interpretada como «machista». Todo esto sin saber si Viki era de un sexo, del otro o de ambos. El caso es que el otro día me encontré esta versión nueva que, sin embargo, no estaba en una pegatina sino en una pintada en un garaje de la calle Fernando de la Peña. Aquí se la dejo sin más comentario porque creo que esta noche no he bebido lo bastante como para comprenderla.

Más de lo mismo

Ayer tarde caminando por el barrio Garrido de Salamanca me encontré con otro de estos luminosos cuyos propietarios se pirran por el inglés. Este es de una carnicería de un tal -parece- Lobo. Con esto bastaba, joder. Pero no, le añadió «Premium butcher shop» como si la carne que vende (que no dudamos de que sea de primera categoría) mejorase por ponerle el cartelito en inglés. Uno de estos días me iré con alguien que le hable en inglés a ver cómo responde.

La verdad que en Garrido si lo hubiese puesto en árabe tendría algún sentido, pero se conoce que cuando le pregunten ¿estudias o trabajas? contestará muy ufano y orgulloso «soy butcher». Y lo es, por doble partida: de las piezas animales a la venta y del despiece del idioma.